En la autopista, en plena ciudad o al hacer una parada rápida delante de casa: accionar el intermitente parece un gesto sin importancia, pero sorprendentemente se omite muy a menudo. Nuevos datos procedentes de Francia muestran hasta qué punto está extendida esta conducta arriesgada y, de paso, recuerdan que en Alemania también pueden caer multas elevadas y retirada de puntos si los conductores prescinden de esa pequeña palanca.
Por qué el intermitente es mucho más que un gesto “de cortesía”
El intermitente es la herramienta de comunicación más importante entre quienes circulan por la vía. Si no lo utilizas, para los demás vas prácticamente “mudo”, y el resto solo puede adivinar hacia dónde se desplazará tu vehículo en los próximos segundos.
“No poner el intermitente convierte cualquier situación cotidiana e inofensiva en un riesgo imposible de calcular, especialmente con tráfico denso.”
Las cifras de Francia ilustran bien la magnitud del problema: más de una cuarta parte de los conductores observados no señala con el intermitente al adelantar, y más de un tercio prescinde de él al volver a incorporarse. Especialistas en tráfico detectan patrones parecidos también en Alemania, sobre todo en vías de varios carriles, en rotondas y en el tráfico urbano.
Cada intermitencia que falta implica lo mismo: otros usuarios de la vía se ven obligados a frenar de golpe, esquivar o, sencillamente, se asustan. Aunque al final no ocurra nada, el nivel de tensión en la circulación aumenta de forma notable.
Qué sanciones hay en Francia y por qué en Alemania la lógica es muy similar
En el caso francés, la norma es inequívoca: quien no usa el intermitente se expone a una multa de 35 euros, que puede subir hasta 150 euros, y además a la retirada de tres puntos en su sistema de puntos. Allí, no señalizar se considera expresamente un incumplimiento del deber de anunciar los cambios de dirección.
En Alemania, policía y tribunales tampoco suelen ser indulgentes cuando se ignora el intermitente. Según el caso, pueden darse consecuencias como estas:
- Girar sin indicar con el intermitente: multa y, si hay daños, responsabilidad compartida porque los demás no pudieron reconocer la maniobra.
- Cambiar de carril sin intermitente: si hay peligro o accidente, pueden imponerse multas claramente más altas y puntos en Flensburg.
- Salir de un hueco de aparcamiento sin señalar: si sorprendes al tráfico que circula, a menudo recae sobre ti la mayor parte de la culpa.
- Uso incorrecto de la rotonda: señalizar mal o no señalizar se sanciona con frecuencia y, en caso de colisión, sale caro.
La clave es esta: los jueces suelen apreciar rápidamente en la falta de intermitente una conducta gravemente contraria a las normas de circulación. En un caso serio, eso puede significar no solo multa y puntos, sino también una subida importante en la prima del seguro.
Situaciones típicas en las que es obligatorio señalizar con el intermitente
Cambio de carril y adelantamiento: el intermitente como aviso imprescindible
Siempre que un coche abandona su carril, el resto de usuarios debe estar advertido. Mirar por encima del hombro no sustituye al intermitente: es obligatorio.
- Señaliza con tiempo antes de salir del carril.
- Comprueba retrovisor interior, retrovisores exteriores y realiza el ángulo muerto (mirada al hombro).
- Solo entonces cambia de carril con calma y con decisión.
- Al reincorporarte, vuelve a señalizar hasta que el vehículo esté completamente asentado en el carril.
Quien se salta el intermitente está transmitiendo al vehículo de detrás algo así como: “Cuenta con cualquier cosa, menos conmigo”. En autopistas con tráfico denso, eso es estrés puro para todos.
Rotonda y giro
En torno a las rotondas, el uso del intermitente a menudo se vuelve “creativo”, y justo ahí nacen muchas situaciones comprometidas. La regla básica es:
- Al entrar en la rotonda: en Alemania, por lo general no se señaliza.
- Al salir de la rotonda: hay que indicar con antelación la salida deseada.
Si no informas de que vas a abandonar la rotonda, obligas a esperar innecesariamente a los vehículos que quieren incorporarse. Eso provoca retenciones, alcances y, en caso de denuncia, acaba figurando como infracción en el catálogo de multas.
Detenerse, aparcar y reincorporarse
Incluso maniobras aparentemente inocentes junto al bordillo pueden ser delicadas. La obligación de usar el intermitente aplica, por ejemplo, cuando:
- Te detienes en el borde de la calzada o en un apartadero.
- Sales de una plaza de aparcamiento para incorporarte al tráfico.
- Inicias una maniobra marcha atrás para entrar en una plaza (en combinación con las luces de emergencia o la luz de marcha atrás).
Si no señalizas, quien circula detrás no espera un frenazo repentino ni un desplazamiento lateral. Basta un pequeño golpe, y en el atestado policial puede aparecer: “No se indicó el cambio de dirección”, con todas las consecuencias económicas que conlleva.
Lo caro que puede salir “solo un momento sin intermitente”
Echar un vistazo a la normativa extranjera deja claro lo en serio que se toman las autoridades este asunto: hay sanciones económicas definidas y pérdidas de puntos cuantificadas por no usar el intermitente. En Alemania, situaciones parecidas suelen encajarse bajo tipificaciones como “giro incorrecto”, “incorporación incorrecta” o “cambio de carril peligroso”.
| Comportamiento | Posible consecuencia |
|---|---|
| Cambio de carril sin intermitente | Multa, puntos, responsabilidad compartida en caso de choque |
| Girar sin señalizar | Multa leve y, en casos graves, el permiso de conducir puede estar en peligro |
| Salir de un aparcamiento sin señal | Alta probabilidad de culpa principal en caso de colisión |
| Errores en la rotonda | Multa y costes elevados si hay accidente con vehículos de dos ruedas |
Quien acumula este tipo de infracciones puede entrar rápidamente en un escenario en el que la autoridad se plantea seriamente retirar el permiso de conducción. No señalizar se interpreta, al fin y al cabo, como un símbolo de falta de consideración en la carretera.
Por qué tantos conductores siguen sin usar el intermitente
Los psicólogos del tráfico apuntan a varias causas para este fallo tan extendido:
- Comodidad: la palanca está a pocos centímetros, y aun así muchos se ahorran el gesto.
- Errores por rutina: quien recorre cada día el mismo trayecto acaba desactivando mentalmente reglas sencillas.
- Mala valoración del entorno: “Aquí no hay nadie” es una frase que, demasiadas veces, aparece justo antes de un accidente.
- Distracciones: móvil, navegador, música, niños en el asiento trasero… y el intermitente se “pierde” en la cabeza.
Ahí es donde actúa el legislador: las sanciones pretenden recordar que la consideración hacia los demás no se negocia. Quien solo entiende la importancia del intermitente al recibir una notificación de multa ha tenido suerte; peor sería un herido o algo aún más grave.
Consejos prácticos para no volver a olvidarte del intermitente
Cambiar a un uso constante es más fácil de lo que parece si incorporas algunos hábitos:
- Asocia cualquier cambio de dirección a una secuencia mental: “Intermitente, mirar, maniobrar”.
- Activa el intermitente antes de frenar, no en mitad de la maniobra.
- En carreteras de varios carriles, señaliza siempre, incluso si el cambio de carril es breve.
- En la rotonda, anuncia la salida con antelación, no en el último instante.
Si entrenas estos pasos de forma consistente, enseguida notarás que el intermitente vuelve a salir de manera automática, igual que pisar el embrague o frenar.
Riesgos que pasan desapercibidos: ciclistas, motoristas y peatones
La ausencia de intermitente resulta especialmente peligrosa para los usuarios más vulnerables. Motos y bicicletas pueden desaparecer con facilidad en el ángulo muerto, y los peatones dependen mucho del contacto visual y de la señalización para decidir si cruzan.
Si giras o te desplazas lateralmente sin avisar, pones a ese grupo en peligro de muerte en cuestión de fracciones de segundo. En los conflictos judiciales, los jueces suelen reconocer a los usuarios desprotegidos una necesidad de protección claramente mayor, con efectos directos en el porcentaje de responsabilidad del conductor.
En el fondo, todo se reduce a una idea simple: accionar el intermitente solo requiere un movimiento del dedo, pero en una situación real puede ahorrarte miles de euros, puntos, disgustos y, posiblemente, una vida humana. Quien lo tenga presente en el próximo cambio de carril difícilmente volverá a dejar la palanca sin usar por pura comodidad.
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